martes, 12 de enero de 2010

MADRE DE DIOS, RUEGA POR NOSOTROS



Lic. Henry Antonio Villena Cachique

A María, la madre de Jesús, le atribuimos el título de “Madre de Dios”, porque, nosotros los cristianos, creemos que Jesús es Dios. Él es la segunda persona de la Santísima Trinidad. Por lo tanto, María queda colocada como “Madre de Dios”. Esto puede causarnos confusiones, especialmente por aquellos que quieren sembrar dudas y nos afirman que si María es madre de Dios entonces es más que Dios. De ninguna manera, el título de “Madre de Dios” es un privilegio que el Señor ha concedido a aquella que generosamente aceptó ser la madre del Salvador (véase Lc. 1, 38) y la comunidad cristiana desde los primeros siglos lo ha reconocido así, siendo la más antigua de las fiestas marianas y que después del Concilio Vaticano II (1962-1965) se celebra el 01 de enero, justo cuando comenzamos el año porque ella, siendo la puerta de la salvación, es también la puerta de cada año que iniciamos.

Desde el año 1967 cada 01 de enero, junto con la solemnidad de “Santa María, Madre de Dios”, se celebra la “Jornada Mundial de la Paz” que es un día donde se nos invita a reflexionar sobre la importancia de una vida y una convivencia pacífica reflexionando especialmente en aquello que aún nos falta para conseguirla. Se ha escogido este día porque María al darnos a Jesús nos ha traído “la paz”: ¡Cristo es nuestra paz! Este año 2010 el Papa Benedicto XVI nos invita a proteger la naturaleza como creación de Dios que se ve amenazada por el cambio climático y la irresponsabilidad política y social para enfrentar el problema. Esta reflexión, el Papa, lo resume en el tema “Si quieres promover la paz, protege la creación”. (Véase http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20091208_xliii-world-day-peace_sp.html)

Celebrar a Santa María como “Madre de Dios”, es una invitación a sentirnos “hijos de María” como así lo quiso el Señor Jesús en el calvario (véase Jn. 19, 26-27). Además, como ella, ser portadora de paz en un mundo que no conoce, en algunos contextos, más que violencia, explotación de los necesitados y de la naturaleza, y la injusticia de los más pobres. Todo ello no es ajeno a nosotros; por eso, en este año que se inicia, miremos a María y sintámonos sus hijos en espíritu y verdad y, así como ella, sigamos tras los pasos de Jesús con la oración, el amor y la entrega por la causa del Reino de Dios que es la paz. Como en Éfeso en el año 431, no olvidemos repetir siempre las palabras con las que la comunidad cristiana recibió la declaración “Santa María, Madre de Dios” que es muy conocida por todos y dice:
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora
de nuestra muerte.
Amén.